junio 4, 2020

NI FALTA DE PANTALONES, NI PERSONAS DÉBILES.

NI FALTA DE PANTALONES, NI PERSONAS DÉBILES.

Aunque desde los años 50´s el alcoholismo fue declarado por la Organización Mundial de la Salud como una enfermedad, aún en la actualidad sigue estando estigmatizado. Los familiares que han crecido y/o convivido con una persona adicta al alcohol o cualquier droga de su preferencia, debido a la desesperación y a la impotencia causada por todos sus intentos fallidos para evitar que se siga haciendo daño, llegan a pensar que su familiar adicto no tiene amor hacia ellos, pues de lo contrario creen, cumpliría todas sus promesas y actuaría dejando de causar sufrimiento a sus familiares; otros desde sus resentimientos, llegan a expresar que el adicto se lo buscó, ya que él “decidió” meterse en eso y ahora le “faltan pantalones” para salir de su adicción; por otra parte, los compañeros de trabajo o vecinos en su desconocimiento de la enfermedad, emiten juicios llamándolo vicioso o irresponsable, mientras que en el contexto socio-cultural se nos ha presentado un estereotipo de la persona con adicción como alguien “malo” o sin educación, moralizándose y distorsionándose lo que es esta enfermedad, e incluso, a algunos profesionistas de la salud nos ha llevado a cada uno su propio proceso para el entendimiento y aceptación de la misma. Por lo que, una persona con alcoholismo o con una adicción a cualquier sustancia química, ni le falta amor por sus familiares (ya que incluso, son éstos ante quienes siente más dolor por los daños causados con su enfermedad), ni tampoco podemos seguir llamándolos viciosos, pues solo sería referirnos de forma peyorativa a la persona con adicción, ni le falta educación y mucho menos es alguien “malo”. Esta enfermedad, la vemos en personas con alto grados académicos, en personas con una historia previa a la aparición de la droga de una gran nobleza y generosidad, así como en personas que en otros ámbitos de sus vidas han demostrado éxitos, triunfos y cualidades que los llevaron a sobresalir, es decir, ni falta de pantalones, ni personas débiles.

¿Por qué entonces en el siglo XXI nos sigue resultando difícil de concebir a una persona con adicción como una persona con una enfermedad?, sin duda uno de los síntomas de esta enfermedad que nos llega a resultar inconcebible a quienes no la padecemos, es la pérdida de control ante la sustancia, el acto de no poder parar o, dicho en palabra técnica: La Compulsión. Es decir, ¿cómo es posible que un ser humano se siga haciendo daño una y otra vez, y continuar consumiendo?, ¿cómo es que, si ya vivió consecuencias y pérdidas de dinero, de trabajo, de amistades, de familiares, de salud, de proyectos, de estudios, de bienes materiales, de paz, etc., etc. siga en el consumo? Y sin embargo, en esta enfermedad pasa, como en muchas otras enfermedades mentales donde vemos comportamientos que manifiestan una falla de juicio y la persona en cuestión actúa exponiendo su vida, arriesgando su integridad o poniendo en amenaza su seguridad, siendo justamente todo lo contrario a lo que se nos ha enseñado, ya que hablando de enfermedades que afectan la mente, el cuerpo, las emociones y el alma, aquí no aplica el dicho “querer es poder” y entonces creer que si no puede dejar de consumir, es porque no quiere o, porque no le importo o, porque no me ama o, porque es un irresponsable o, porque no fue bien educado o, porque no tiene pantalones, etc., etc.; sería continuar distorsionando la adicción como enfermedad.

¡A incontables personas con adicción escuché en un momento genuino de arrepentimiento decir(se) ni una más…!, mostrando un deseo honesto por parar y cambiar su forma de beber, de drogarse y de su estilo de vida del lado de la irresponsabilidad, sin embargo, he visto también cómo en esta enfermedad, lo que la persona con adicción en sus trabajos terapéuticos escribe con la mano, en 3 segundos lo borra con el codo, siendo avasallado por el impulso que acompaña un autoengaño de creer que esta vez sí podrá parar y controlar su droga, además del miedo intenso de tener que enfrentarse a vivir sin su bastón, la droga, pues ¿cómo le hará para socializar o bailar con seguridad sin el efecto de la droga?, ¿cómo le hará para mitigar el miedo y sentirse fuerte sin la droga?, ¿cómo le hará para tranquilizar sus demonios sin la anestesia de la droga?, ¿cómo le hará para trabajar horas extras sin cansarse?, ¿para manejar, para jugar, para dormir, para relajarse sin el “poder “ que le otorga el alcohol y/o a la droga?.

El alcoholismo y las adicciones son por lo tanto una enfermedad, que además de implicar a cada una de las esferas que constituyen al ser humano, la persona con adicción siempre se resistirá a recibir ayuda, debido al control que sus miedos ejercen en él, a su desconfianza de no ser bien tratado o a su vergüenza al aceptar que pudo más la droga que su voluntad y, por lo tanto, sentir que decepcionó, por lo que te invito a que te acerques si tienes un familiar con adicción o tú te encuentras con problemas con tu consumo, a recibir ayuda, habemos muchos especialistas e instituciones que partimos del entendimiento de la adicción como una enfermedad y podrás encontrar un acompañamiento empático a tus miedos, tu desconfianza y/o tu vergüenza.

PSIC. FELIPE VELARDE OCHOA.
(Cédula Profesional: 2457275, Cédula Maestría: 5063437).

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